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Por estos días camina en Armenia
en la promoción de su gira, un cantautor
Colombiano que ha paseado por casi todo
Colombia en busca de sus raíces y las
herramientas necesarias para crear y
componer lo que ahora es su trabajo
discográfico denominado “MI CIUDAD”
Dejemos que sea El, quien nos cuente
la historia de su vida musical y la
posición que ya hoy ocupa gracias a
su dedicación y esfuerzo.
Santiago Rodríguez, nacido en Bogotá
el 12 de Marzo de 1962, el quinto hijo
de 8 hermanos y heredero de la pasión
por la música gracias a su padre un
arquitecto amante del jazz. Desde muy
temprana edad este bogotano dio sus
primeros pasos “Me inicié en la música
a los 5 años de edad, martillando los
dedos en el piano de mi abuela María
y posteriormente, explorando y brincando
sobre los juguetes que mi padre me regalaba:
la harmónica, la flauta dulce y la guitarra”.
Comento Tuto.
A la edad de 11, recibí lecciones
de piano clásico y solfeo durante 10
meses. A los 16, formé mi primera banda
de rock a la que bautizamos con el nombre
de BAJO CERO. En ella yo componía la
música, escribía las letras de las canciones,
interpretaba el piano y era el cantante
líder. Hicimos varias presentaciones
en “murgas” escolares y obtuvimos el
segundo puesto en el festival de rock
RESURRECCIÓN. Incluso aparecimos en
un programa de televisión que dirigía
Manolo Belón.
Entre 1981 (en que me gradué de la
secundaria) y 1991 (en que me
gradué como arquitecto), exceptuando
algunas participaciones ocasionales
en grupos de rock y reggae tales como
SOCIEDAD ANONIMA, MANGO Y MERMELADA,
realmente estuve dedicado a vagar por
Colombia y a estudiar y trabajar tanto
en diseño industrial como en arquitectura.
No fue sino hasta 1992, en pleno ejercicio
de mi profesión de arquitecto, que inicié
mi carrera musical.
Al igual que muchos ingenieros de
sonido y productores que un día fueron
aficionados, monté un estudio de grabación
para hacer música publicitaria. Con
un sintetizador electrónico, una grabadora
“porta-estudio” de 8 canales y un computador
AMIGA utilizado para secuenciar, di
mis primeros pasos en el mundo de la
producción musical.
Después de trabajar un par de años
haciendo “jingles” para diferentes agencias
de publicidad, a medida que iba
aprendiendo el oficio de la producción
casera y estudiaba los diferentes
géneros musicales, me renació -después
de 15 años de interrupción- la idea
de escribir e interpretar mis canciones.
Aunque, en el estudio de grabación
la tecnología me brindaba la maravillosa
posibilidad de crear simulaciones de
músicos acompañantes y de tener una
amplísima gama de sonidos a mi disposición,
después de algunas grabaciones experimentales
se volcó mi atención hacia la importancia
de las letras de las canciones y cómo
hacer una música más básica. Sentí una
necesidad de fabricar canciones de una
manera más artesanal para interpretarlas
con músicos reales.
Fue en este punto de mi vida en que
me parece haber tomado el camino correcto
pero caminando de una forma equivocada.
Estaba ávido de experiencias y lugares
nuevos para escribir y cantar de manera
que vendí mis pertenencias y arrendé
una casa en Barichara (Santander).
A las dos semanas de estar en Barichara,
pensé que era el momento justo para
comprar una guitarra para componer mis
canciones y, con lo que me quedaba de
dinero tomé un bus hacia Bucaramanga.
Al llegar allí, por alguna razón que
aún desconozco, decidí proseguir el
camino y continué viajando, inconscientemente
con el espíritu puesto en palmeras,
brisa y sol y todo lo que me alejara
del frío, la trascendencia y la melancolía.
Así fue que, en febrero de 1994 me
encontré con el caribe colombiano, en
las playas de Santa Marta, con una muda
de ropa y muy poco dinero en los bolsillos
pero, libre de cualquier presión o compromiso:
de alguna forma, el escenario ideal
para escribir y componer.
Por cosas de la vida, después
de seis meses de esparcirme a mis anchas
sobre la vida, me encontré un día en
la playa con un viejo amigo, quien me
contactó con A B C RECORDS (Barranquilla)
para trabajar en sus estudios de grabación
como productor e ingeniero de sonido.
Allí, tuve la oportunidad de conocer
al ingeniero de sonido venezolano –y
hoy día apreciado amigo- Manuel Guillermo
y, de presenciar muchas de sus sesiones
de grabación en vivo para trabajos discográficos.
Fue mi primer acercamiento real al mundo
de los músicos intérpretes de estudio,
el folclor costeño, las canciones, productores,
arreglistas y la vida cotidiana que
rodea a los personajes de los discos.
En un ir y venir, entre Cartagena,
Santa Marta y otras ciudades de paso
(incluyendo Barichara, a donde tuve
que regresar por todas mis pertenencias)
regresé a Bogotá (1996) y, a través
de un ingeniero de sonido que había
conocido en Barranquilla, me llamó el
manager de ATERCIOPELADOS para que les
hiciera el sonido en vivo de sus conciertos.
Realicé dos giras con ellos: una por
el sur de Colombia (Ibagué, Cali, Tuluá,
Popayán y Armenia) y la otra en República
Dominicana (Santo Domingo) y en Venezuela
(Caracas, Barquicimeto y Valencia).
Este fascinante mundo del espectáculo
nuevamente alimentó mi sueño de continuar
lo que había emprendido, de modo que
una vez ganada cierta experiencia renuncié
y regresé a la esencia. Quería
que algún día fuera yo quien estaba
allá arriba cantándole a la gente mis
propias canciones.
Llamé a mi amigo arquitecto y músico
Nacho Varón, quien había conocido en
uno de mis viajes a Santa Marta y con
quien había conformado un grupo de rock.
Le pedí que me empleara medio tiempo
en su empresa constructora como arquitecto
y que, rescatáramos la idea de tocar
canciones propias. El consiguió músicos
locales y nuevamente conformamos el
grupo. Para entonces, ya había escrito
varias canciones pero no tenía claro
con que tipo de instrumentación ni de
sonidos debía armarlas.
Nacho trajo de Bogotá un sintetizador
electrónico y empecé a experimentar
con pistas o “secuencias midi” que apoyaran
el trabajo del grupo. Dado que el teclado
estaba funcionando sólo y yo deseaba
interpretar un instrumento más real
“en vivo”, arreglé una guitarra
eléctrica que estaba abandonada en un
closet.
Nuestro nuevo grupo lo conformábamos:
una excelente cantante canadiense con
mucha experiencia (quien también componía
canciones para el grupo), un cantante
samario con muy buena voz, Nacho en
el bajo eléctrico, un baterista que
alguna vez había tocado con Carlos vives
y yo, ahora en la guitarra eléctrica.
Habíamos logrado algún afianzamiento
musical y adquirimos cierto sonido propio.
Muchas cosas estaban esbozadas pero
existía dentro de mí un vacío con respecto
a lo que yo deseaba en realidad. Por
un lado, la actitud que asumíamos
frente a la música no estaba claramente
definida (por el tiempo que le podíamos
dedicar) y por el otro, surgió
dentro de mí un nuevo conflicto y era
el sueño de llevar a cabo mi realización
plena: cantar.
A principios de 1998, un poco frustrado,
regresé a Bogotá. Mi viejo amigo músico
y productor de jingles Miguel de Narváez
me contrató para que le ayudara a producir
música incidental para telenovelas.
Durante casi dos años (en los cuales
mis canciones durmieron) coproduje al
lado de un equipo de compositores, música
incidental para novelas como Paquita
Gallego, La mujer en el espejo, La sombra
del arco iris, Conjunto Cerrado, Divorciada
y Un mundo para Julius.
En noviembre de 1999, gracias a un
receso de trabajo, el tan tropezado
proyecto de escribir y cantar renació
y junté nuevamente todo el material
que ya había desarrollado en los pasados
años. Me propuse permitirle salir desde
el fondo de mi corazón a la voz que
quería cantar, sin importar si era buena
o mala: lo que realmente deseaba era
comunicar integralmente letras y música
de una forma honesta.
Secuencié las pistas de las canciones,
compuse otras y me dediqué a dos actividades:
Practicar mi interpretación vocal experimentando
con diferentes alternativas de acompañamiento
musical (guitarras y teclados) y, grabar
estos experimentos en estudio.
A comienzos del 2001 consideré las
canciones lo suficientemente maduras
como para dar un nuevo paso: conformar
el grupo. A lo largo del 2002 y 2003
conocí en Medellín y en Bogotá a diferentes
y muy talentosos músicos, quienes han
simpatizado con el estilo de mis canciones
y por ende les han hecho aportes invaluables.
El material ha adquirido nuevos matices,
nuevas líneas melódicas con nuevos
arreglos y cambios de unos sonidos
por otros. La intención latina ha tomado
importancia y se ha rescatado mucho
la idea de lo artesanal, que me
invade tanto.
Por sugerencia de mi esposa incorporé
la harmónica cromática a las canciones
(instrumento que aprendí a tocar de
niño) y junto con la interpretación
de los otros músicos, me parece sentir
todo el “paquete” más redondo.
He ensayado diferentes formatos y
los he puesto a prueba en conciertos
(con diferentes músicos) en bares y
discotecas de Bogotá y Medellín. Me
realizaron a principios del año pasado
un programa en City TV y luego otro
en un canal de televisión local de
Medellín (Tele Medellín). La alcaldía
me invitó a presentarme con mi grupo
en el Parque de los Pies Descalzos;
grabé en un auditorio en Bogotá un “desconectado”
con la colaboración de estudiantes del
Politécnico Grancolombiano. Junto con
algunos estudiantes de comunicación
social de la Universidad Javeriana realizamos
un “Videoclip” de mi canción titulada
MI CIUDAD, el cual grabamos en diferentes
escenarios de la ciudad de Bogotá.
La mayor parte de las veces, la resultante
de mis experimentos es un híbrido musical.
Adapto diversos ritmos a bases musicales
que no fueron diseñadas para ese propósito
y por esta razón, tampoco puedo definir
el género de mis canciones.
Sin embargo, para dar una idea de
la música que hago, podría decir que
tiene semejanzas con el rock y el pop
de los 70-80’tas (como por ejemplo Super
Tramp, Paul Mcartney, Billy Joel, Pink
Floyd, ELO, Elton Jhon, Fleetwood Mac
y Toto ), pero también con música de
intérpretes y grupos de habla hispana
(como por ejemplo Miguel Bosé, Silvio
Rodríguez, Pablo Milanés, Jarabe de
Palo, Pedro Guerra, francisco Céspedes
y Alejandro Sanz).
El concepto general de las letras
de las canciones desde un principio,
ha sido representar en un lenguaje sencillo
y sin muchas arandelas, las experiencias
que he vivido en los pasados diez años.
En realidad, no hay una influencia
directa de algún escritor específico
ni pretendo hacer una referencia conciente
a una tendencia literaria. Son letras
que hablan del romance, de lo cotidiano,
de anécdotas triviales y de las emociones
en sí, expresadas en términos exentos
de moral o ética. Son ideas sin prejuicios
de lo “bueno o malo” y, sin la intención
de plantear panaceas ni fórmulas
para enfrentar la vida. No es un lenguaje
expresamente adulto, ni infantil. Son
ambos a la vez expuestos en frases
comunes y corrientes.
No es poesía pero las ideas juegan
entre sí, a veces se ríen y a veces
bajan a las penumbras del drama humano.
No es canción social ni de protesta.
Es la inspiración casual y espontánea
llevada a canción, con la intención
de escaparse un rato a los escenarios
que dibujo. Mi objetivo es entretener
y entregarme como artista.
De esta manera finalizo Santiago
su intervención e invitó a que escuchen
y oigan con mucha atención su trabajo
discográfico, estoy seguro que dentro
de muy poco tiempo TUTO RODRÍGUEZ, estará
dando de que hablar en las emisoras
Nacionales e internacionales.
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